Lun 20 May, 2019

Elecciones musicales…

Pasaron las elecciones generales y las conclusiones fueron tan numerosas como fueron los pronósticos y las quinielas realizadas antes del domingo 28 de abril. Muchas de las teorías que explican los buenos resultados o las debacles electorales acaecidas se sustentan en profundas tesis políticas o sociológicas que nos ayudan a entender cuáles fueron los motivos que llevaron a las personas a decantar su voto hacía uno u otro partido, o aquellas que tomaron la decisión de no participar de la elección del que será nuestro presidente en la próxima legislatura. Y después de todo, pero, antes de nada, se encuentra la aritmética: “Pueden sumar con prisa. Pueden restar con calma. Da igual, porque las matemáticas no tienen alma” o así al menos, sonaba la canción en aquella Calle 13. Ese es el principio y el fin de cada uno de los análisis.

Desde LOGOS, nos gustaría abstenernos de la teoría política unas líneas y dilucidar – o al menos especular – cuáles serán los sentimientos que probablemente alberguen cada uno de los candidatos de los partidos mayoritarios, una vez contados los votos. Pues, aunque ni la suma ni la resta sean actividades del alma, ni se pueda de hablar de ella en debates ni en meetings electorales, al final, es el elemento diferenciador.

Empecemos con Santiago Abascal, cuyo logro no sólo queda plasmado en escaños, sino en ser eje central de la campaña del resto de partidos políticos. Electoralmente supone un éxito absoluto. Por el contrario, resulta complicado encontrar algo más ambicioso que el alma humana, por lo que el resultado seguramente le sepa a poco. “Cuidado con las expectativas”, que diría Leiva.

Continuamos con Pablo Iglesias. Es complicado encontrar en el panorama político español alguien con una seguridad en sí mismo tan fuerte como la del líder de Podemos. Sin embargo, la sucesión de acontecimientos y las discrepancias internas, convirtieron su figura en un elemento adyacente de la carrera por la Presidencia. Los resultados demuestran tal tendencia negativa, pero la actitud de Iglesias vuelve a ser la de un líder convencido, seguro de sí mismo tras los debates públicos y con la necesidad de protagonismo público en la política de este país. Tal vez, en su cabeza resuene aquella estrofa de Sabina “Valiente a toro pasado. (…) Feliz sin pena ni gloria”.

En Albert Rivera se intercambiarán sentimientos encontrados, pues aun quedando muy cerca de ser el líder de la oposición y mejorando resultados respecto a las últimas elecciones generales, el número de escaños obtenidos no supone en ningún plano de estudio una victoria. Recordemos que tras las elecciones a la Generalitat, existía en España una tendencia muy clara en la que se pronosticaba que Ciudadanos sería el partido más votado en las siguientes elecciones al Parlamento. Sin embargo, la realidad respecto a los pronósticos se decantó de forma negativa. “La moneda cayó por el lado de la soledad” por expresarlo en palabras de Andrés Calamaro.

Pablo Casado sostiene el equilibrio, debido a la responsabilidad que conlleva ser la cara visible y el líder de un partido tan importante en España como lo es el Partido Popular, con elecciones municipales, autonómicas y europeas a menos de una semana de celebrarse. La derrota sin paliativos y la pérdida de confianza en su partido deben suponer un auténtico tormento en su interior. Es muy probable que recuerde continuamente aquella canción de Ismael Serrano, al cual dice que escucha a menudo: “Vértigo. Que el mundo pare”.

Por último, Pedro Sánchez, que después de varias derrotas políticas, y tras una carrera accidentada en el seno del Partido Socialista, ha vuelto a poner a su partido al frente del gobierno de España, consiguiendo el respaldo de la mayoría de los electores. El sentimiento de victoria es más complicado de imaginar sin sentirlo en primera persona, pues la rueda de emociones y recuerdos que se suceden en el interior es inasumible. Es muy fácil imaginar una actitud de reivindicación personal, algo tan obvio como probable. Sin embargo, nos gustaría imaginar a un Pedro Sánchez regresando a la Moncloa la noche del 28 de abril, encendiendo el reproductor de música como si el mundo no importase, como si en el breve transcurso de una canción pudiese dejar a un lado su labor actual de Presidente del Gobierno, y se dejase llevar por su yo más dionisiaco en sentido “nietszchiano”, y empezase a entonar – en voz grave a modo de imitación – aquella canción de Leonard Cohen que lleva por título “Dance me to the end of love”.

Y es que aunque la música de la política sea un canon de teorías, propuestas, aritmética y comunicación, no podemos olvidar que hay intérpretes, con alma por supuesto. Como usted. Como nosotros.

Por LOGOS

Una respuesta a “Elecciones musicales…”

  1. “Pueden sumar con prisa. Pueden restar con calma. Da igual, porque las matemáticas no tienen alma”

    Qué pena que algunos se dejen las mates para septiembre. ¿Quizás entonces podamos darle una nueva vuelta a estas canciones? Os animo a ello.

    Saludos

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