Jue 20 Jul, 2017

Elecciones Presidenciales Francia 2017

Tras elecciones tan decisivas para la política internacional como los pasados comicios americanos, ahora le tocaba el turno a Europa y a uno de sus países fundadores. El presente y futuro europeo han estado pendientes de las decisivas elecciones presidenciales de Francia, las cuales se han resuelto con Emmanuel Macron como presidente de la V República por un período de cinco años, que han situado en el Elíseo al presidente más joven de la historia francesa.  Macron, de 39 años inició su carrera política como asesor económico del presidente Hollande. El 26 de agosto de 2014 fue nombrado Ministro de Economía, Recuperación Productiva y Asuntos Digitales del segundo gobierno de Manuel Valls. Como ministro Macron intentó aunar el modelo social francés con el potente sistema empresarial nacional.

En agosto de 2016, apenas dos años después de su nombramiento como ministro, siendo el político mejor valorado del Gobierno y el líder de la izquierda preferido por el electorado francés, Macron dimite de sus responsabilidades para centrar todos sus esfuerzos en su propio partido político, “En Marche!”, con el que buscaba ocupar el centro político e ideológico de Francia, como alternativa por un lado a partidos tradicionales y, por otro lado, al Frente Nacional de Le Pen.

Fundado en abril de 2016 cuenta con 258 mil militantes que se definen asimismo como una amplia coalición de socialdemócratas, liberales, centristas, europeístas, ecologistas y ciudadanos.  En la actualidad, este movimiento que ha aupado a Macron a la Presidencia ha pasado a denominarse “La République en Marche”, con el objetivo de competir en las próximas elecciones legislativas del 11 y del 18 de junio para tratar de evitar que el presidente tenga que “cohabitar” con el resto de partidos políticos y demostrar que el movimiento no es efímero si no que ha llegado a la política nacional para cambiar los paradigmas políticos franceses.

 

 

En la primera vuelta Macron y Le Pen consiguieron en torno al 45% del apoyo del electorado francés, lo que supuso que por primera vez, ninguno de los dos grandes partidos accedió a disputar la presidencia de Francia en segunda ronda.

Por otro lado, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, Macron se impuso a Le Pen con el 66% de los votos frente al 33% del apoyo recibido por su rival. La participación fue del 74%. Observamos un hecho relevante en la abstención que ha sido la más alta desde 1969 con el 25%; y los votos en blanco y nulos también batieron récord con el 11%. Finalmente, Macron recibió el apoyo de 20,74 millones de electores, mientras que a Le Pen le apoyaron 10,63 millones.

 

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ANÁLISIS DEL DISCURSO DE LOS CANDIDATOS

En estos comicios, debemos destacar el nivel de oratoria demostrado tanto por Emmanuel Macron como por Marie Le Pen. En este sentido, como ninguna de sus formaciones habían tenido nunca responsabilidades de gobierno y la sociedad desconoce como actuarían como regentes del Elíseo, ambos han cultivado y personalizado a todo el colectivo en sus principales portavoces. En este sentido, la construcción del discurso político es la herramienta más utilizada para aglutinar electores de quien no maneja el presupuesto y en eso han demostrado estar a una mayor altura que el resto de sus rivales políticos.

Ambos diseñaron su campaña sobre la premisa de que la construcción del discurso político era la forma de cambiar la realidad representada en la arena política para poder ganar espacio a las grandes máquinas electorales de los partidos tradicionalistas. La oratoria, el lenguaje, la narrativa y la empatía con los anhelos por volver a ver una Francia fuerte van construyendo un mensaje con el que la ciudadanía se ve reflejada. Esta construcción magistral del lenguaje, muy utilizada por los populismos, es la forma de disputar el poder a los actores políticos que lo detentan. Ese poder no reside sólo en sus resortes materiales, económicos o de fuerza, sino también en un intangible: el consentimiento de quienes permiten ser gobernados, esto es, la identificación de los ciudadanos con el proyecto de sus representantes. Al fin y al cabo, las reglas de juego de la democracia posibilitan que sean los gobernados los que decidan si vuelven a confiar en sus representantes o les otorgan la confianza a otros.

Y en estas elecciones los partidos tradicionales se presentaban en sus horas más bajas debido al descontento de la población con las respuestas dadas a los problemas de Francia. Por ello, bastaba con mirar la impopularidad de Hollande y la necesaria refundación del partido de Sarkozy, hace dos años, para llegar a la conclusión de que el electorado francés no iba a dar una carta en blanco a sus antiguos gobernantes para la carrera hacia el Elíseo en 2017. Era el momento. Ese momento que ha sabido ser aprovechado por otros actores para disputar desde derecha e izquierda, desde Marine Le Pen hasta Mélenchon, la centralidad.

No obstante, a excepción del Parti Socialiste[1], cada uno ha conseguido mantener su espectro político y su electorado gracias a una tradición programática o ideología.  Sin embargo, tal y como analiza la teoría espacial del voto y los distintos modelos unidimensionales o multidimensionales[2], en épocas electorales los partidos buscan ampliar sus posibilidades de obtener la victoria, bien disputando la centralidad o bien ganando el voto útil, voto decisivo en Francia ya que según un dicho popular “los franceses en la primera vuelta eligen candidato y en la segunda presidente”.

En este sentido, quienes han tenido la mayor tendencia de crecimiento electoral han sido Emmanuel Macron, Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon. Cierto es que han tenido un mayor crecimiento porque empezaban desde más abajo, pero han sabido superar, sin el respaldo de grandes partidos, a sus principales rivales con la fuerza de sus discursos, brillantes en sus formas y firmes en sus convicciones (cada uno las suyas, claro).

 

A continuación, desarrollaremos los perfiles de los indiscutibles protagonistas de estas elecciones…

 

EMMANUEL MACRON:

De entre los candidatos que mejor han articulado su discurso para hacerse con los votos del votante medio y ocupar la centralidad destaca Emmanuel Macron, el cual ha tenido la habilidad para esquivar el lastre que podía suponer su pasado político y fundar un movimiento que atrapara, bajo su capacidad de seducción, por un lado, a los votantes huérfanos del Parti Socialiste,  por otro lado, a los de indecisos que buscaban un cambio político pero continuaban identificándose con los valores predominantes de su sociedad y, por último, a los centristas y liberales que rechazaban al candidato conservador que había ganado las primarias de Les Républicains, para lograr conceptualizar todo ese movimiento en un solo mensaje electoral: “Macron, el candidato que reúne lo mejor de la izquierda, el centro y la derecha”. Mérito suyo es que haya conseguido convencer al mismo tiempo de “que la divisoria izquierda-derecha no sirve” en el país que inventó esas etiquetas y que haya vencido a los partidos tradicionales con su postura anti-establishment, aun conociéndose su pasado.

Su capacidad para transmitir ilusión a los franceses, su imagen exitosa y su postulación nítida como punto de convergencia de todos los votos para frenar la insurgencia de Le Pen, ha conseguido pulverizar una ley política: que el centro sea engullido electoralmente por los partidos de centroizquierda o centroderecha. Macron ha absorbido la parte del voto útil de los socialistas que no giró hacia La France Insoumise de Mélenchon. También ha ganado un electorado liberal, urbano e identificado con la proclama “centrismo” que había optado por otros partidos en anteriores elecciones. Asimismo, ha captado muchos indecisos que, dada la diversidad de ofertas existentes para votar y los nuevos ejes que dividen la política francesa (soberanismo, europeísmo, liberalismo, orientación social, reaccionarios, progresistas, economicismo, ecologismo, belicismo, pacifismo, xenofobia, moralismo…), simplifican sus costes de información y optan por la opción ideológica que menos les disgusta, o dicho de otra forma, eligen aquella en la que no sienten los costes morales de traicionar sus convicciones.

Macron ha superado el reto de ganar las elecciones con el discurso del profesional que “entra” en política para cambiar las cosas porque “el orden establecido no es el bueno”.  Ahora tiene por delante el reto de pasar a una imagen más presidencial para que su “novedad” no sea tomada por novatada, algo que ya se vislumbró al inicio de la noche de su victoria electoral. Quizá sea este el más interesante de los discursos que debemos analizar ya que nos permite observar las primeras pinceladas de su presidencia y cómo presenta a su partido a las elecciones legislativas. Su primer cambio, el nombre: La Republique En Marche!

En su primer discurso ya como ganador de las elecciones, Emmanuel Macron expresa la solemnidad del momento: se ha elegido a un presidente de la República, no a un sonriente político victorioso. El momento más bidireccional en un discurso (unidireccional per se) lo podemos encontrar en los agradecimientos donde el candidato puede vincularse a la comunidad que ha decidido otorgarle su confianza. Es un momento emotivo de la liturgia de la comunicación pública en el que se proyectan en él a todos los que han votado o trabajado junto al candidato, haciéndoles partícipes y protagonistas de un momento histórico. Macron recoge a con humildad este mensaje agradeciendo el voto de confianza al que “corresponderá con todas sus energías” (sabedor de que muchos votos son prestados desde otras convicciones ideológicas). El gesto, el tono y sus palabras explícitas expresan el sentido de responsabilidad que debe tener un dirigente que ha sido elegido para dirigir un país “con un panorama adverso”, con “dificultades económicas”, “fractura social”, “decadencia moral” y “retos democráticos” de los que da cuenta abiertamente. Exponer los temas de forma transparente y sin banalidades sirve para empatizar y ganarse la confianza de aquellos que le observan.

Macron evita la fractura inseparable a una competición polarizada con el reconocimiento, respeto y saludo de su rival electoral, pero más aún, lo hace empatizando con los motivos y la ansiedad de quien ha votado a Le Pen. Desde ese momento tomará las palabras nación, unidad, todos juntos, el pueblo de Francia, mujeres, hombres, niños, familia, pueblos enteros, patria, nosotros y nuestro deber con la nación para integrarlas a su discurso ya como el Presidente de Todos que elevará la moral de los franceses “ante el mundo”, e imprimirá un “espíritu de conquista y optimismo”, para resolver los problemas con “determinación”, “proteger a los débiles”, “promover la solidaridad”, “luchar contra la desigualdad”, “asegurar de manera implacable la seguridad de todos” y “garantizar la unidad de la nación”. En menos de dos minutos, el pueblo ya tiene un líder. En un país obsesionado por su lugar en el mundo y en la Historia, los franceses ya cuentan con una carta de presentación triunfadora de cara al exterior.

Macron apela a la historia de Francia. En lo ideológico enarbola la bandera del humanismo y hace a los franceses portadores de ésta para el mundo y para las siguientes generaciones. El mensaje es claro: con Macron vuelve la grandeur de la France. Su proyecto se identifica con los valores de la República, la confianza y la audacia por lo que parece evocar a la vez a De Gaulle y a Jean Jaurés. Se dibuja a asimismo como un estadista: “Yo defenderé Francia, sus intereses vitales, su imagen, su mensaje, me comprometo con ustedes” y se enclava en una idea civilizatoria de europeísmo: “Yo defenderé a Europa, la comunidad de destino que se ha dado los pueblos de nuestro continente. Es nuestra civilización lo que está en juego, nuestra manera de vivir, de ser libres, nuestros valores, nuestros esfuerzos comunes y esperanzas”, “trabajaré para volver a tejer el vínculo entre Europa y los pueblos que la forman, entre Europa y los ciudadanos”.

Quizá ese enfoque global sea el perfil más marcado del nuevo presidente, que desea una Francia-nación-del-mundo, no aislacionista, que promueva la colaboración para luchar contra desafíos globales que dibuja en su agenda internacional: desarrollo, cambio climático y terrorismo internacional.

Por otro lado, en su agenda nacional destaca: regeneracionismo, moralización de la vida pública (“que se impondrá a todos, desde mañana”), el pluralismo y la vitalidad política (“que serán desde el primer día la base de mi acción”). Macron quiere escribir una nueva página, de esperanza, de confianza recobrada, determinación y respeto: “porque mediante el trabajo, la escuela y la cultura construiremos un futuro mejor”. Tres pilares en los que la sociedad francesa cimenta su convivencia republicana.

Sin embargo, la nueva página que desea escribir Macron cuenta también con un guiño continuista que difumina levemente su marcado carácter personalista: Macron hace un reconocimiento en su discurso al anterior presidente, François Hollande, “quien trabajó cinco años por nuestro país”.

Cerrar este análisis o deconstrucción del discurso del nuevo presidente se hace difícil porque es en sí mismo apoteósico y bello. Es una muestra ejemplar de un discurso de liderazgo al estilo francés y presidencialista que tan bien funciona allí. Por ello, baste con traducir algunas frases de la clausura del nuevo presidente:

Durante los cinco años que se inician, mi responsabilidad será la de disipar los temores, haciéndonos revivir el optimismo y recuperar el espíritu de conquista que dice lo mejor del genio francés”.  “Mi responsabilidad será la de reunir a todas las mujeres y todos los hombres dispuestos a hacer frente a los enormes retos que tenemos por delante, y actuar. Algunos de estos desafíos son oportunidades como la revolución digital, la transición ecológica o reiniciar Europa. Otros son amenazas como el terrorismo”.

Amemos a Francia. A partir de hoy y durante los próximos cinco años, yo voy con humildad, dedicación y determinación a servir en vuestro nombre. ¡Viva la República! ¡Viva Francia!

 

MARINE LE PEN:

Los éxitos de Le Pen han sido muchos. Ha conseguido entrar en el marco de la normalidad política y de los consensos republicanos, del que se veía aislada con la etiqueta “extremista” o “ultraderechista”. Ha logrado introducir en los medios de comunicación mensajes que conectaban con un sentir creciente en la población, hasta un punto en que los periodistas no adjetivaban ya en sus crónicas y cubrían sus ruedas de prensa como quien cubre a cualquier otro candidato del espacio público.

Ha conseguido que su discurso penetre en la derecha tradicional francesa y que estos incorporen como suyos muchos de los mensajes del Front National. Tanto es así, que Les Républicains buscaban una suerte de mimetización en su discurso para frenar su sangría electoral. En este sentido, pensaron que el candidato más radical de los conservadores sería el más adecuado para derrotarla y acabaron escorándose en las elecciones primarias con la elección de Fillon.

Cuando haces que tus oponentes se parezcan más a ti, copien tu discurso o tus formas, ya estás ganando, cambias el escenario político, los consensos colectivos que conviven en el espacio público y su representación en la arena política. Es una ironía del destino que tiempo después será Le Pen, en un acto de campaña, la que plagie fragmentos enteros de un discurso de Fillon y este acto se considere un guiño a su electorado.

Su capacidad para acercarse al electorado popular y obrero, que sufre las consecuencias de la crisis financiera mundial, ha hecho que su partido sea el más votado de la oposición. Su perfil político está marcado por su ataque a la clase dominante internacional, a la globalización, a los migrantes, a la Unión Europea y pone el foco de su política en la seguridad, en la protección social, en el proteccionismo económico, en la identidad francesa y en la participación ciudadana contra los mercados. Las posturas xenófobas y radicales de su partido, que en ocasiones ella evita, no le han supuesto la marginación electoral. Al contrario, su capacidad de comunicación y conexión con el votante medio ha conseguido alzarla por encima de su propio partido, del que no ha dudado en alejarse para crecer electoralmente.

Se ha dibujado asimismo como protectora de la clase obrera francesa y desarrolla una postura soberanista que conecta con la rabia de quienes creen que la democracia ha dejado de ser un sistema que les permite decidir sobre sus vidas. Marine ha conseguido convencer a franceses de que su país y su democracia está en peligro y que ella puede salvarla. Su llamada al belicismo dentro de ese marco no chirría a la sociedad francesa que dejó en el retrovisor las guerras y el colonialismo.

Sin embargo, tras su derrota ante Macron, no mira únicamente a las elecciones legislativas de las que presume obtendrá buen resultado, sino que trata de acometer la reforma del Front National y llegar en una posición suficiente que le permita ser la alternancia a Macron en las próximas presidenciales.

Para ello, podría desarrollar más profundamente el perfil nacional-populista que le ha llevado hasta la segunda ronda de estas elecciones.

Francia se enfrenta a una nueva y apasionante era, con nuevos partidos y nuevas caras, ahora solo nos toca esperar si todos estos cambios servirán de algo a los franceses o habrá sido el cambio necesario para que todo siga igual.

 

————————— LOGOS CONSULTORÍA ESTRATÉGICA Y FORMACIÓN SL —————————

[1] En un movimiento de última hora tras las elecciones primarias, el Parti Socialiste decide escorarse a la izquierda con Benoît Hamon, para disputar al carismático Mélenchon unos pocos votos, dejando la centralidad y un enorme electorado huérfano, indeciso y esperando al primero que pasara.

[2] Uno de los pioneros fue Anthony Downs (Downs, A., Teoría económica de la democracia, trad. de L.A. Martín Merino, Aguilar, Madrid, 1973), que reveló el lugar decisivo que ocupa “el votante mediano” en los posicionamientos de los partidos en el espectro ideológico y de las maniobras que realizan para acercarse a éste y ganar las elecciones. Sin embargo, su modelo unidimensional ha sido superado posteriormente por modelos multidimensionales que corrigen la simplicidad (pero de eficacia explicativa) del análisis. Para un exhaustivo análisis de los distintos modelos, críticas y posturas sostenidas por diversos autores, véase Marí-Klose, P., Elección Racional, Centro de Investigaciones Sociológicas, Colección Cuadernos Metodológicos, núm. 29, Madrid, 2000, p. 124-133)

Por LOGOS

5 respuestas a “Elecciones Presidenciales Francia 2017”

  1. A ver si aprendemos en España las lecciones que nos ha dado Francia. El PSOE se hundirá si se radicaliza y será absorbido por PODEMOS

  2. Macron no podrá solucionar la grave crisis de Francia. También Hollande empezó generando un exceso de expectativas. Marine Le Pen seguirá siendo la mejor opción que recoja los votos de la frustración

  3. Interesante análisis. La capacidad de comunicación en política es fundamental, pero no olvidemos lo que decía el psicólogo Albert Mehrabian: sólo un 7 % de lo que comunicamos se atribuye a las palabras, mientras que el 38 % se atribuye a la voz y el 55 % al lenguaje corporal. Además, el contexto es muy importante

  4. Lo que está claro es que lo partidos viejos han caído muy fuerte. El mantenimiento de la V República ha sido posible sólo gracias a un nuevo movimiento que defendía lo que es de sentido común entre la gente, pero hacían falta nuevas caras y nuevas formas de hacer política.

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