Lun 02 Oct, 2017

Heisenberg: todo, y nada, lo explica

El principio de incertidumbre de Heisenberg en mecánica cuántica, determina la imposibilidad de que determinados pares de magnitudes físicas observables y complementarias sean conocidas con precisión arbitraria. Tras los acontecimientos que se han producido en Cataluña y en el resto de España el pasado domingo 1 de Octubre, cabe preguntarse si el conflicto puede llegar a explicarse de una forma precisa y rigurosa, sin caer en la trampa de la verdad inmutable que la mecánica cuántica no contempla.

Si hay algo en lo que parecen estar todos los involucrados de acuerdo, es en la nueva dimensión que ha adquirido la situación de Cataluña. Ya no se trata solamente de un conflicto histórico, territorial, económico o político de España con Cataluña, sino de una grave fractura social que ha aumentado hasta unos límites insospechados. Lo que una parte interpreta como un éxito judicial, otra lo considera un fracaso sociopolítico de gran envergadura. El conflicto ha calado en la emoción, y contra el sentimiento no existen argumentos que aglutinen una única razón irrefutable. Es aquí donde está el problema. Lo que hace unos años respondía a la dicotomía entre el manido derecho a decidir o no hacerlo, hoy ya responde a una desafección profunda de lo que para unos implica el insoportable encaje de Cataluña en España y, para otros, la insolidaridad y radicalidad de una parte en contra de la totalidad.

Volviendo a la física, el principio de incertidumbre conlleva un desvío completo de las concepciones tradicionales, haciendo que la noción clásica de trayectoria debe ser desechada. Extrapolando, da igual lo que haya ocurrido hasta ahora: ya no importa quién tenga la razón histórica de 1714, pese a que supuso una guerra civil de sucesión y no de secesión, ya no solo entre catalanes, sino entre otras zonas de España; no se destaca que la actual Constitución Española fuera masivamente apoyada por más del 90% de catalanes; ya no influye el recorte del Estatut de 2006 por parte del Tribunal Constitucional en 2010 eliminando el carácter jurídico de la nación catalana, aunque este último actuase conforme a lo que hubiese hecho cualquier Estado que no contempla el derecho de secesión de sus territorios en su Carta Magna; qué más da la deriva independentista de CIU en 2010 recuperando el concepto de la “Casa Gran” del catalanismo, ante los sucesivos fracasos electorales y la espada de Damocles que les suponía los escandalosos casos de corrupción; ya no importa que el Gobierno Español rechazase un pacto fiscal en el año 2012, ante una situación clara de infrafinanciación de Cataluña; resultan insignificantes las campañas políticas anticatalanas que tantos votos cosechaban; ni tampoco parece tener importancia que Cataluña fuese una de las primeras CCAA que solicitaran ayuda al Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) ante su asfixiante deuda; o la utilización de la lengua, no como un instrumento de riqueza cultural, sino como arma arrojadiza. Cualquier noción clásica debe ser desechada.

¿Dónde ha quedado la función pública de servir a los ciudadanos? ¿El día a día de la gestión de las vidas de unos y otros? ¿El responder y dar solución a las dificultades económicas tras la peor crisis económica que ha sufrido este país en décadas? La corrupción en Cataluña o en el resto de España ya no es un problema, olvidémonos del “España ens roba”. Nadie atiende ya a eso. Las partículas no siguen trayectorias definidas, no es posible conocer exactamente el valor de todas las magnitudes físicas que describen el estado del movimiento de la partícula en ningún momento, sino solo una distribución estadística. Y de estadísticas y números nos hemos empachado. ¿Qué mínimo de participación es legítima en un referéndum sin garantías para declarar unilateralmente la independencia? ¿El 47,7% de los votos de Junts Pel Sí más la CUP legitiman el procés frente al 51,7% de los votos del resto de partidos en las últimas elecciones catalanas? ¿Cómo sería hoy esta distribución? ¿No cabría buscar consensos más amplios? ¿Realmente es imposible? Salirse del Estado de Derecho además de peligroso, es irresponsable. Resultan urgentes unas elecciones que legitimen la voz del -tan utilizado en provecho propio- pueblo catalán. Votar con garantías es democrático, votar cualquier cosa no lo es. De nuevo, es irresponsable incrustar en el colectivo la idea de que votar lo que sea en las condiciones que sean es democrático. Una votación debe ser libre, secreta y, sobre todo, inclusiva.

Por otra parte, la mediocridad o la torpeza políticas no deberían explicar el punto al que hemos llegado, aunque también ayuda y lo clarifica en buena medida. Claro que no puedes estar por encima de la Ley, no puedes revestir de legalidad una ambición política legítima pero de clara ruptura. No puedes apelar a una legalidad inventada, obviando las reglas propias del Parlament al que representas, destruyendo las normas institucionales parlamentarias y democráticas. Fuera de la ley, siempre hace frío. Pero tampoco puedes invocar al muro del inmovilismo, sabiendo que nuestra Constitución contempla su modificación por parte de los legisladores. Pese a no ser del todo equiparable, todo se puede consensuar, todo se puede pactar. ¿Pero había voluntad para hacerlo? ¿Era el referéndum una excusa para acelerar los tiempos y cumplir el automandato para la declaración unilateral de independencia, aumentando la base social independentista? ¿Acaso no daba votos en el resto de España una posición firme y dura contra la Cataluña insolidaria? No hay nada más peligroso que la generalización de lo abstracto. No poner cara ni nombre a los catalanes o al resto de españoles ayuda a despertar las vísceras, a pensar desde lo más profundo del instinto egoísta e individual. Hay que conocer, hay que comunicar, hay que viajar, hay que personalizar, hay que precisar. Desde luego, volviendo a la mediocridad política, se ha lanzado a buena parte de la población a no conocer conscientemente las caras y las razones de millones de personas de un sitio u otro. Han prevalecido el interés político y la conveniencia partidista, frente al sentido de Estado y a la responsabilidad histórica como servidores públicos obligados a cumplir la Ley o a modificarla. No se puede asumir la exclusión como principio regulador, resulta intolerable confrontar a niveles tan básicos de la convivencia, no hay enemigos políticos, no hay catalanes buenos o malos, no hay españoles buenos o malos. Hay personas, hay políticos más o menos torpes, hay políticos más o menos irresponsables. Porque la disolución de la responsabilidad individual a merced del grupo, unido a los tintes de exclusión y de superioridad social racista que se han intentado extender, son el caldo de cultivo perfecto para que el extremismo y la locura política no cesen.

Existe una realidad en Cataluña, quien la niegue está fuera de juego. Pero para llegar a ella no era necesario fracturar ni confrontar a hermanos. Lo que supuso un éxito de convivencia sociopolítica y de encaje territorial para este país diverso y plural, de reconocimiento internacional, hoy queda denostado calificándolo como “Régimen del 78”. Quien llama traidor a Joan Manuel Serrat está todavía más fuera de juego. Quien tilda al Estado Español de represivo, opresor y mafioso comparándolo con el franquismo, solo consigue minusvalorar lo que supuso la dictadura de Franco en este país. Restar importancia a una época carente de libertad, de derechos civiles y de mucho sufrimiento. Es injusto y temeroso diluir en el hoy lo terrible del ayer.

El 1 de Octubre, por mucho que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado cumpliesen mandatos judiciales, no puede ser calificado de éxito. La imagen internacional es lamentable y preocupante. El Gobierno finalmente ha tenido lo que se empeñó en evitar, ha tenido fotos y votos: miles de personas haciendo cola con papeletas y, además, impidiendo y enfrentándose a lo que llaman las fuerzas de ocupación. ¿Nos damos cuenta de la gravedad? Hemos asistido a la muerte de la Auctoritas de la Policía Nacional y de la Guardia Civil en Cataluña por buena parte de la población catalana, frente a una Potestas imposible de ejecutar. ¿Mossos frente a Guardia Civil? ¿Bomberos catalanes frente a Policías Nacionales? Levanten, por favor, el pie del acelerador. Uno de los territorios del mundo con mayor nivel de autogobierno como es Cataluña, se ha conseguido mostrar a la opinión internacional como un Estado atacado y oprimido. Éxito en publicidad y legitimidad para unos, éxito del Estado de Derecho para otros; profundo y hondo sentimiento de tristeza para la inmensa mayoría indefensa que se ha visto inocentemente manipulada y utilizada. ¿Quién atiende a las lágrimas de cientos de miles que sienten la impotencia de asistir al fin de la convivencia pacífica entre diferentes?

Y al igual que en la ciencia la incertidumbre no se deriva de los instrumentos de medida, sino del propio hecho de medir, tampoco se puede culpar a todos de todo. Ni se puede explicar todo únicamente con los hechos, ya que la propia evaluación implica margen de error en un asunto tan delicado y complejo. La dimensión del conflicto sobrepasa los tres ejes tridimensionales: ¿izquierda vs derecha? ¿independentismo vs constitucionalismo? ¿Cataluña vs Rajoy? Parece que nos encaminamos hacia varios frentes: ¿elecciones generales? ¿autonómicas? ¿declaración unilateral de la independencia? El margen de error continuará, incluso alcanzándose un mínimo de consenso a un lado y otro del Ebro. Si antes la política catalana influía en buena parte de la política nacional, ahora directamente la primera marcará los tiempos de la segunda. Sin miramientos. Porque los catalanes y el resto de españoles no se merecen esta situación sin precedentes; porque une más de lo que separa (pero nadie ha querido potenciarlo); porque hay que entender lo que significa España. Porque España no es un concepto rígido ni en posesión de unos pocos, tampoco lo es Cataluña. Porque, aunque no se entienda, gobernar un país como el nuestro implica hacer copartícipes a todos de todas las decisiones, crear un sentimiento de comunidad y de confianza política que no ha existido en la práctica. No se puede exigir solidaridad a quien se ataca, ni tampoco se pueden exigir derechos abstractos que rompen las costuras de una sociedad potente y con futuro. Ni han entendido a España, ni han entendido a Cataluña. Nuestros hijos no se lo merecen. Y por último, cuanto más perfectos sean nuestros instrumentos de medida, mayor será la incertidumbre de lo que ocurrirá en los próximos años. Porque ya lo estableció Heisenberg en 1925: todo, y nada, lo explica.

Por LOGOS

5 respuestas a “Heisenberg: todo, y nada, lo explica”

  1. Estaría bien que Puigdemont leyera este artículo y luego hablara con más claridad para saber a qué atenernos. ¿Aclarará mañana Puigdemont si proclamó o no la independencia?¿Jugará otra vez al escondite? ¿Romperá España después de siglos unida? ¿Seguirán Junts pel si y las CUP una trayectoria común? Si las trayectorias resulta que ya no sirven y todo es incertidumbre puede pasar de todo.
    Puigdemont = Incertidumbre
    Incertidumbre = adios a las inversiones
    Adios a las inversiones = Adios a Puigdemont en las próximas elecciones
    O quien sabe…igual es al contrario y le sale bien la jugada

  2. Hace falta altura de miras y no sé si la encontratemos en los políticos actuales. Desde fuera de España lo sigo con mucha tristeza. Buen artículo.

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