Mie 16 Ene, 2019

Nada está garantizado

Decía Beauvoir, para referirse a los derechos de las mujeres, que bastaría una crisis (política, económica, religiosa… de cualquier tipo) para que sus derechos pudieran verse amenazados, y que era preciso permanecer vigilante ante cualquier posible retroceso. Esa reflexión que Beauvoir hacía respecto de los derechos de las mujeres, y que ha resultado ser acertada, es igualmente válida extendiéndola más allá.

Desde hace un tiempo estamos escuchando hablar de «crisis de representación», que vendría a ser la sensación de los ciudadanos de no sentirse representados por sus políticos; una falta de identificación con las estructuras tradicionales que favorece el surgimiento de otro tipo de movimientos, algunos de corte populista, que prometen el desmantelamiento del sistema. Las posturas se polarizan, los extremos atraen masas –y se atraen entre sí– y comienzan a cuestionarse los consensos básicos del sistema de convivencia. En este punto es en el que deberían saltar las alarmas, si no han saltado antes: nada está garantizado.

El paso del tiempo nos conduce irrevocablemente a ir perdiendo de manera paulatina los recuerdos de las generaciones que nos precedieron. Estas personas son las que más conciencia han adquirido sobre la fragilidad de los derechos y de la democracia. Es una visión de la que carecemos los siguientes, muchos de los que nacimos y nos encontramos (casi) todo hecho. Somos más vulnerables a dar por hecho nuestros derechos. Somos, aunque creamos lo contrario, mucho más ingenuos. También nuestros sistemas democráticos, con todos los mecanismos legales que poseen para reforzarse y blindarse, son igualmente vulnerables. La democracia puede acabar consigo misma. Ya ha pasado antes y puede volver a pasar.

Está muy aceptada la idea de que la historia es cíclica y, de una forma u otra, acaba por repetirse. Además, siempre envía señales de aviso y podemos pensar que, de alguna manera, ya lo está haciendo. La pregunta es: ¿nos estamos dando cuenta?

Por LOGOS

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