Sab 20 Ene, 2018

Trump: AÑO I

Pocos presidentes de EEUU han generado tantísimo contenido como Donald Trump en 365 días de presidencia. El uso que el propio Presidente hace de su cuenta de Twitter (@realDonaldTrump) ha nutrido, día tras día, los noticieros norteamericanos e internacionales; y ahora que se cumple un año desde su toma de posesión, es preciso repasar algunos de los hitos de su primer año en la Casa Blanca.

Su toma de posesión fue una de las primeras polémicas por el empeño del Presidente y su equipo en compararse con Obama.

A la izquierda la toma de posesión de Donald Trump (2017). A la derecha, la toma de posesión de Obama (2009).

Imagen de Reuters.

 

Sean Spicer, quien ocupaba el cargo de Secretario de Prensa en este momento, defendió a capa y espada la presencia de un mayor número de ciudadanos en la toma de posesión de Donald Trump, a pesar de que las imágenes aéreas mostraban todo lo contrario. Spicer llegó a calificar la asistencia como “masiva” y dedicó varias ruedas de prensa a defender esta posición. Esto marcó también en parte la relación de la Casa Blanca y el Presidente con la prensa que, salvo excepciones con medios muy afines, no ha sido buena y las acusaciones de Trump sobre la publicación de lo que para él son fake news están a la orden del día.

Esto que puede parecer anecdótico no es en realidad más que un síntoma de cómo llega Trump a la Casa Blanca. Alcanzó la victoria electoral sin el voto popular, en el que se impuso Hillary Clinton con holgura. Pero el sistema electoral de Estados Unidos no exige tener el voto popular para ser Presidente, sino los compromisarios necesarios elegidos. Sin embargo, a Trump le molestó tanto no contar con mayoría en ambos recuentos que creó una comisión para investigar un supuesto fraude electoral (de las elecciones que él había ganado), y que el propio Presidente de los EEUU ha cerrado a comienzos de este año 2018.

No fue su comienzo soñado, pero además arrastraba ya desde la campaña electoral la sombra de Rusia, que no solo no se ha ido sino que podrá ser uno de los temas centrales de su presidencia. El ruido sobre los contactos de miembros de su campaña con altos oficiales del Kremlin para obtener información e influir en las elecciones creció tan rápidamente que tardó poco en cobrarse sus primeras víctimas, como James Comey, quien fuera Director del FBI y al que Trump decició despedir. Previamente, Trump había pedido “lealtad” a Comey en una cena privada, y este “solo” le ofreció “honestidad”.

La trama rusa recayó finalmente en manos de un fiscal especial, Robert Mueller, y ha salpicado al hijo mayor de Trump, Don Jr., al yerno del Presidente, Jared Kushner, y a importantes colaboradores de Trump como Jeff Sessions (Fiscal General), Paul Manafort (jefe de campaña) o Michael Flynn (Asesor de Seguridad Nacional). Algunos, como Flynn, dejaron su cargo o, como Sessions, se apartaron de la investigación.

No obstante, uno de los grandes interrogantes para Robert Mueller, y punto clave de su investigación, será resolver si ha existido por parte del Presidente obstrucción a la Justicia. Despejar esa incógnita podría poner a Trump y a su cargo en serios apuros.

 

A nivel internacional, Trump ha destacado por no ser el Presidente norteamericano convencional. Apretones de mano excesivos como con el presidente francés Macron o inexistentes como con la canciller alemana Merkel; el retuit a un vídeo del grupo de extrema derecha británico, Britain First, con el consiguiente conflicto diplomático con el Reino Unido; los reproches a sus socios de la OTAN; el conflicto con México por la construcción y el pago del muro; o el anuncio de la salida del Acuerdo de París sobre el cambio climático, por no hablar de la decisión de trasladar la embajada de EEUU a Jerusalén, reconociendo la ciudad como capital de Israel; o la tensión creciente con Corea del Norte, con amenaza de apretar el botón nuclear incluida.

Algunos medios, como el New York Times, señalaron que EEUU había pasado de ejercer un papel mundial de liderazgo a quedar aislado.

 

El ámbito doméstico tampoco ha estado exento de polémicas y en algunas de las decisiones de Trump podría apreciarse el ánimo de poner fin el legado del su antecesor. En cuanto al muro, como se señalaba anteriormente, su construcción en la frontera con México sigue siendo uno de los grandes y controvertidos planes de Trump. Durante estas últimas semanas se ha buscado un acuerdo presupuestario con los demócratas para construirlo aun cediendo en la posición del Presidente sobre otro tema polémico: la Dream Act o DACA (programa creado por Obama para proteger y dar permiso de trabajo a inmigrantes no documentados que llegaron siendo niños a Estados Unidos) que Trump suprimió, enviando el tema al Congreso para que buscase una solución.

En este acuerdo presupuestario llevan varios meses enfrascados los dos partidos, que han ido pactando sucesivas prórrogas, pero el paso de los plazos y la falta de un acuerdo bipartidista (llegaron a conseguirlo pero el Presidente lo tumbó), así como las desavenencias del bloque republicano en particular, que no logra alcanzar los votos necesarios (60), ha desembocado en un shutdown esta misma noche. Se trata de un cierre parcial del gobierno que afecta a servicios “no esenciales”. Es la primera vez que sucede que el partido que controla la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso se ve abocado a un shutdown. Por eso para los republicanos evitar que la opinión pública les responsabilice es prácticamente imposible, igual que para Trump, que echó por tierra el acuerdo alcanzado y ahora ve cómo el cierre del gobierno coincide con el aniversario de su toma de posesión. El último cierre parcial del gobierno tuvo lugar en 2013, duró 16 días, y el gran tema de confrontación fue el Obamacare.

Grafo obtenido de Twitter a las 11:00am (Hora Washington). Se observa que irrumpen con fuerza los hashtags #trumpshutdown y #schumershutdown (Schumer es el líder de los demócratas en el Senado).

 

Grafo obtenido de Twitter a las 19:00pm (Hora Washington). Se observa que el hashtag #trumpshutdown se impone destacadamente a todos los demás. 

 

Precisamente el Obamacare también ha sido uno de los objetivos a destruir por la Casa Blanca, aunque la oposición de congresistas republicanos y la falta de un plan sanitario alternativo ha llenado de obstáculos la tramitación. Por todo ello, el Presidente acabó firmando una orden ejecutiva para poner fin a algunos puntos del plan sanitario de Obama.

La primera gran victoria legislativa de Trump es el Plan Fiscal aprobado el 20 de diciembre de 2017, a pesar de ser una ley impopular y tachada de beneficiar exclusivamente a los más ricos. Le ha costado once meses a esta Administración conseguir una victoria en el Congreso y ello pese a que, de momento, cuenta con la mayoría en ambas cámaras. Esta situación puede revertirse en las elecciones midterms que se celebrarán este año. Ya los demócratas recibieron como una grandísima victoria y un “chute” de confianza la recuperación del escaño del Senado por Alabama, el pasado 12 de diciembre, tras 25 años sin ganar allí. A pesar de lo ajustado del resultado, los demócratas asumieron que si podían ganar en un deep red state como Alabama, el juego estaba mucho más abierto de lo que se podía pensar y por eso las elecciones de este 2018 se presentan especialmente interesantes.

La inmensa mayoría de los temas abiertos a lo largo de este primer año de presidencia de Donald Trump siguen sobre la mesa y será muy importante el avance de la investigación de Mueller sobre la interferencia rusa, pudiendo producirse incluso un interrogatorio al Presidente. Así pues, muchos frentes abiertos para el año que comienza, a los que seguro se sumarán muchos más con los que habrá que estar, como popularmente se dice, ojo avizor.

Por LOGOS

3 respuestas a “Trump: AÑO I”

  1. Es cierto que Trump no es el presidente convencional a lo que nos tiene acostumbrados USA. Sin embargo, es esa excepcionalidad la que le ha cosechado los votos necesarios para sentarse con acceso al botón nuclear.

    El artículo enumera de forma clarificadora los mayores hitos de este año de mandato y quedamos a la espera de ver qué nos depara la ruptura con los estándares que todos aplicábamos a lo que resultaba ser presidente de USA.

  2. Un presidente que gobierna un país a golpe de Twitter podría ser una cosa anecdótica y graciosa, si no fuera porque los ciudadanos están absortos en ese espectáculo mientras la administración Trump imprime una agenda que fractura el país y a la comunidad internacional.
    Que Trump haya llegado hasta ahí puede ser una concatenación de errores históricos, que una grandísima parte de los americanos respalde a pies juntillas a ese energúmeno es para hacérselo mirar…

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